PUBLICADO EN L'AIGÜETA DE LA RIBAGORZA Y REVISTA FIESTAS DE FONZ
Tuve
un profesor que solía decir que no había más que mirarnos a la cara
para saber que gentes habían habitado esta tierra milenaria. Está tal
vez de más señalar la importancia que tuvo el Altoaragón en la historia
de este vasto territorio que hoy llamamos España. Todos o muchos
sabemos que fue aquí donde se gestó un reino propio; si cogemos un mapa
de la provincia y la recorremos con el dedo en dirección norte estamos
acariciando, gráficamente, una tierra en la que sus gentes han forjado,
con el paso de los siglos, una cultura y un modo de vivir que ahora
presumimos de llamar propia. La romanización del valle del Ebro fue
costosa, larga, sangrienta; pero a ella debemos nuestra forma de vida
actual: la lengua, el derecho o la toponimia entre otras muchas cosas.
Pero antes de Roma ¿qué?. Durante la edad del Hierro (a lo largo del
primer milenio a.C.) cada espiga, piedra y árbol del solar hispano
pertenecían a unos pueblos indígenas, tales pueblos eran diferenciados
por su ascendencia cultural, o bien indoeuropea (celtas), o bien íbera,
o bien una confluencia cultural de ambas (celtíbera). La iberización de
los pueblos de la vertiente mediterránea y la depresión del Ebro
(llamado río Íbero por los romanos, de ahí el nombre de los pueblos) es
un proceso plenamente ligado a influencias culturales y comerciales de
civilizaciones como la fenicia, la griega o la cartaginesa. Tales
vinculaciones, el auge demográfico y una mejora en la explotación de
recursos económicos y de susbsistencia dieron lugar a una cultura
definida y con identidad propia: los íberos.

En libros de texto,
manuales, folletos informativos o en boca de historiadores hemos leído
u oído que casi la totalidad del Altoaragón pertenecía al pueblo íbero
ilergeta. Las tierras de Fonz así como el territorio mediocinqueño
estarían dentro de su órbita. Autores clásicos como Polibio, Livio o
Estrabón informan de que su capital era Iltirda (Lérida) y otras
ciudades suyas serían Bolskan (Huesca), Bourtina (Almudevar) o Kelse
(Velilla de Ebro), entre otras muchas. Las temidas falcatas de este
pueblo, belicoso y carismático, custodiaban atentamente unos dominios
que yacían hasta el río Gállego por occidente, más allá del Segre por
Oriente, la Sierra de Alcubierre como linde meridional y los Pirineos
al norte, donde Iacetanos y otros pueblos pirenaicos miraban, de
soslayo, la rica tierra en la que se enseñoreaban. No obstante los
trabajos de Plinio el Mayor dan un vuelco a estas conjeturas, ya que en
su obra distingue un populi ilergete en la zona del Segre, pero otro
distinto en el Altoaragón, él lo llama un populi Uessetaniae ligado a
la ciudad de Bolskan (Huesca). Es más, la arqueología, bendita
disciplina reveladora, corrobora que la tribu asentada en nuestro
territorio sí era íbera, pero los hallazgos de cerámica roja,
típicamente ilergete, son cada vez menores a medida que nos alejamos de
La Litera y la zona leridana. Con todo, la numismática diferencia una
tipología diferente en las monedas acuñadas en Bolskan (Huesca) con
respecto a las acuñadas en Iltirda (Lérida). ¿Pertenecieron nuestros
pueblos al reputado pueblo ilergete o nuestro territorio estuvo
habitado por un pueblo diferente? Por si fuera poco la epigrafía saca
más los pies del tiesto, y apunta que la tribu que habitó nuestro suelo
hace dos mil quinientos años tenía rasgos indoeuropeos. La conclusión
que podemos sacar de todo esto es clara: es probable que la identidad
prerromana de nuestras comarcas hubiera experimentado una iberización
tardía, por su remarcado carácter de zona bisagra (los vecinos
suesetanos de las Cinco Villas eran celtas), aún así su ilergetización,
quizás tardía o quizás menor, sigue ofreciendo dudas.
No se han
encontrado vestigios, ni tan siquiera arqueológicos, de presencia íbera
en el término de Fonz. Aún con todo hay que señalar que sí poseemos
yacimientos de la edad del Bronce (1700-800 a.C.), prospectados por el
Departamento de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza. La “bal
de Palau” acoge tres de ellos, dos de los cuales pueden verse desde el
merendero. En ambos quedan restos de construcciones medievales,
probablemente un “palau”. La zona de Urría acoge otro, y dos
yacimientos denominados Los Albotez se sitúan muy cerca de la carretera
hacia Estadilla. Puede presuponerse que tal vez existan más, y de una
riqueza arqueológica mayor, a tenor de la abundancia acuífera de la
zona. En un valle donde los manantiales pueden contarse con los dedos
de las dos manos, es lógica la posibilidad de que haya asentamientos
prerromanos. Además, recordemos que en el valle contiguo hay unas
pinturas rupestres neolíticas, además de yacimientos con industria
lítica del magdaleniense (paleolítico). ¿Dónde mejor instalarse que en
un valle rico en agua?. El poder insertar las piezas que faltan para
conocer la rica historia de nuestro pueblo, hoy día, es tarea difícil,
pero se puede asegurar con certeza que nuestro término estuvo ya
habitado mucho antes de la llegada de Roma y ellos, sin duda, son la
base de nuestro pasado.