domingo, 01 de febrero de 2009
DE CONDADO A REINO
ARTÍCULO PUBLICADO EN L'AIGÜETA DE LA RIBAGORZA
Muchos de nosotros somos afortunados de sentir lo que sentimos cada vez que paseamos por los campos, oteamos los valles y disfrutamos de nuestro horizonte. Que nos regocije amar la tierra que pisamos responde sin duda al aprecio que ella nos merece. Nuestros antepasados ya la sintieron así; lloraron, vivieron, progresaron y murieron por ella. Si allá por el siglo VIII los visigodos se traicionaron a sí mismos con la caída de su reino; durante los años venideros gentes que sentían su tierra como propia terminaron por fraguar un sentimiento que les fue común al nuestro. Si bien el “Territorium Riparcurciense” fue diseñado, tras esos años convulsos, como tapón de bañera ante la incipiente altanería musulmana; es inherente a esto que las gentes que levantaron el primigenio condado ya sentían un gran apego al mismo. Hilvanado políticamente este territorio a los señores carolingios trasnfronterizos; sus gentes oriundas ya se vinculaban a él, prueba de ello fue la construcción, en el siglo IX, del monasterio de Santa María de Alaón, en
torno al cual se articulaba una población a la defensiva. Pero los mazazos de los enemigos eran constantes. Los musulmanes de Huesca, mandados por su gobernador al-Tawil, asolaron y conquistaron de nuevo la Ribagorza, aprovechando el momento de flaqueza que experimentaba tras su separación de Pallars. Era época de héroes y caudillos cristianos: El conde Bernardo, de origen franco, expulsa de nuevo al moro de estos lares y los derrota en singular batalla cerca de Calasanz, años más tarde fortifica su precioso condado mientras que “enseña los dientes” desde el Ésera y el Isábena a las coras musulmanas que se asientan en el llano. Bernardo reedifica la ciudad de Roda y enarbola allí un obispado propio, como cabeza visible y ostentosa de poder frente a las envidias de condados vecinos. En torno al año mil, las huestes de la media luna vuelven a castigar nuestra tierra de bisagra. Un ejército, mandado por el hijo del gran caudillo Al-manzor, arrasa Santa Liestra y San Quílez, a la vez que destruye la capital rotense. Últimos malos tiempos para el condado que, con el debilitamiento político de los musulmanes, comienza a ver salir el sol entre sus ensangrentadas rendijas. Sancho III el Mayor, primer gran señor de la iberia cristiana postvisigótica, deja en herencia, tras su muerte, la Ribagorza a su hijo Gonzalo. Alrededor del año 1043 se consumaban la unión del condado de Ribagorza al reino de Aragón, dada la muerte de Gonzalo. Un nuevo territorio, fruto del amor de unos señores y de unos vasallos por su tierra, nacía. Atrás quedaban las ansias musulmanas de conquistar este territorio para explotarlo deficientemente; o la codicia de los señores francos al utilizarlo de parapeto militar, cual tablero de ajedrez se tratara.
Pese a los devenires en esta transición de condado vetusto, a reino floreciente, debemos tener en cuenta que sus gentes sangraron por esta tierra, lloraron por estos valles y amaron cerca de sus ríos… tal como hacemos ahora, de hecho el hombre no ha cambiado tanto…
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