La bitácora escarlata, Blog de Darío Español

domingo, 01 de febrero de 2009

LA RIBAGORZA EN ÉPOCA MODERNA

ARTÍCULO PUBLICADO EN L'AIGÜETA DE LA RIBAGORZA


       La llegada del Renacimiento, y con él la época moderna, marca un florecimiento cultural sin precedentes. Atrás quedará la imagen del hombre medieval, una imagen oscura y reprimida, fundamentada en el teocentrismo (díos como centro del universo). Una nueva etapa comienza, el hombre empieza a creer en sí mismo, a reinterpretar los mensajes divinos. Este nuevo hombre da la bienvenida al antropocentrismo (el hombre en el centro de ese universo). Las ciencias, el arte, la filosofía y las disciplinas humanísticas florecen de manera culta, ordenada, armónica y ornamental. Atrás queda el hombre temeroso de dios, reprimido por unos valores sociales anquilosados. Las catedrales se elevan al cielo, las formas artísticas rememoran las sociedades clásicas –Grecia y Roma- y el Estado abandona paulatinamente su condición feudal, básicamente podemos decir que se “nacionaliza”.  La burguesía ya no comprende a mercaderes emprendedores que son capaces de llevar una vida digna alimentando correctamente a los suyos, si no que se trata de, en ocasiones, grandes comerciantes, dueños de grandes imperios mercantiles marítimos y terrestres; mirando ya por encima del hombro a un gran porcentaje de la nobleza. Nuestra España de este tiempo es aquella que el lector es capaza de imaginar con unas leves indicaciones: La España del Quijote, de los Austrias, esa que Pérez Reverte nos bosqueja magistralmente en “el Capitán Alatriste”; la de Quevedo y Góngora, la del Conde Duque de Olivares pintado por Velázquez sobre su caballo… Atrévanse a viajar conmigo en los siguientes números por esa sociedad prolífica y nueva, infame y emocionante, halagüeña y miserable…


      El siglo XVI en Aragón es un siglo de auge demográfico, caracterizado por la baja densidad de población, pero sujeta a una importante dispersión. Este crecimiento se vio frenado por la creciente proliferación de epidemias y pestes, algo común para toda la vieja Europa. La mala higiene, como norma general, la masiva inmigración, la mala alimentación son algunos de las causas de estas epidemias. Otro factor característico de esta época es la proliferación de alteraciones sociales. En nuestra amada Ribagorza, nuestros antepasados contaron unas cuantas. Tales alteraciones venían condicionadas por el marcado carácter propio que nuestro territorio fue construyendo a lo largo de su historia anterior. Ya hemos hablado de que, como entidad política, jugó un papel preponderante en la constitución de nuestro flamante reino aragonés; pues bien, la sociedad y la política de la época sabían lo que le debían a nuestra Ribagorza.

Año 1554, el Conde Martín I, duque de Villahermosa, ostenta el poder político del condado, un condado mucho más extenso que nuestra actual comarca (llegaba hasta Monzón y Tamarite). Felipe II (que gobierna en ausencia de su padre Carlos I), desposee del título al conde, queriendo anular políticamente su soberanía como tal. Esta intención responde a la iniciativa de varios vasallos rebeldes suyos, que desde dentro del condado desean que se anule políticamente el mismo, vinculándose al territorio de jurisdicción real. El conde denunció el atropello ante el Justicia de Aragón, el cual le dio la razón, devolviéndole lo que era suyo, hecho que no hizo más que encrespar más los ánimos, enfrentado a vasallos partidarios de uno y otro bando, y dejando el condado al borde de la guerra civil. Años más tarde, en 1578, una revuelta surgida en Benabarre (sin duda alentada por las esferas próximas a la monarquía), cuna del orgullo señorial, hace renunciar al condado a Martín I, en favor de su hijo Fernando. Los rebeldes, comandados por Juan de Ager, natural de Calasanz; comienzan a controlar el condado, tambaleándose la cúpula condal ribagorzana…

Pero el impetuoso y joven conde Fernando no iba a dejar las cosas así. Al frente de un nutrido ejército, apoyado por los señores locales afines a su causa. Reunido éste en Benasque, recorre el valle tomando los focos de resistencia, llegando hasta Benabarre, capital del condado, para “poner firmes” a los rebeldes allí atrincherados. Allí es muerto Juan de Ager y restablecida la soberanía condal; aunque la monarquía se encargó de deslegitimar su triunfo alegando alianzas del conde con luteranos, e incluso, acusarle de pertenecer a una familia con raigambres judías.

Pero años más tarde, en 1588, los rebeldes vuelven a la carga. Toman Benabarre, y lo intentan con su castillo, contemplando sus murallas desde lo alto del cerro su deprimente fracaso. Tras este incidente y algunos más, la monarquía toma cartas en el asunto y amistosamente muestra su intención de negociar con el conde. Se le ofrece su renuncia al condado, el conde, entre la espada y la pared, se siente traicionado. Abandonado y con las tropas del Justicia en Barbastro, camino de Ribagorza, el conde abandona sus posesiones. Concluía así el dominio señorial de los Villahermosa como condes de Ribagorza.


Tags: Ribagorza, historia, Fonz, Darío Español, renacimiento, Graus, Benabarre

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