artículo publicado en l'Aviara (medio de carácter local)
Estoy que me subo por las paredes. Qué quieren que les diga. El pasado 27 de noviembre un cagatintas que ocupa el cargo de consejero de la Generalitat catalana, -no voy a decir el nombre, si buscan en internet verán la polémica que ha suscitado- presentó a los medios catalanes, y a todo aquel infeliz que quisiese oír soflamas falsas, el estudio que se anda realizando de la tumba del rey Pedro III, en el monasterio de Santes Creus. El cuerpo, que permanece incorrupto, pudo ser visto en la presentación mediante un documental que se realizó por medio de una endoscopia. La momia de nuestro antepasado rey, hijo de Jaime I el Conquistador, allí, impávida, reconociéndosele el cráneo y el resto del cuerpo. La sangre se me retira de los pómulos viendo el video. Un pasaje de nuestra historia plausible. Algo maravilloso. Y no les digo más. Hasta ahí todo correcto. Sensacional, diría de mejor tino. Pero como intuían que pintaban bastos les largo ya mismo el meollo del asunto. El susodicho político –por llamarlo de alguna manera, pues tiene más aspecto de vástago circense de Miliqui que de ello-, que llevaba una corbata más fea que una nevera por detrás –se lo aseguro, menudo bodrio de corbata-, aludió al contexto histórico del rey haciendo uso de tergiversaciones y manipulaciones históricas que eran para levantarse allí mismo y calzarle un sopapo para arrobo de tan prole mediática borreguil que secundaba la pantomima nacionalista. Utilizó términos como “la corona catalanoaragonesa” –como reinventando una nueva tierra de caballeros y princesas cual hiciera J.R.R. Tolkien con su Tierra Media, señores de los anillos y demás-, “el rei catalá Pere II” –en lugar de Pedro III-, y demás falacias agraviantes que mancillan la historia, cultura y patrimonio histórico de nuestra comunidad. Y Aragón callado. Llevaba de esa guisa veinte años, soportando cómo cuatro bufagateras pancatalanistas jugaban y juegan a futbito con nuestra historia a no más de 40 km de aquí. Pero, por fin, alguien ha dicho esta boca es mía. Ya hay políticos que han saltado a la arena, denunciando el ninguneo que varios sectores catalanistas (que no catalanes) hacen de nuestro pasado común, agenciándose símbolos, historia y cultura que pertenecieron en tanta medida a Aragón, gast
ándolos para exaltación patria propia, en aras de inventarse una pasado glorioso que vilipendia el nuestro. Y eso es de infames. Mi abuela era catalana, mis mejores amigos son catalanes, me encanta nuestra tierra vecina. Pero no alcanzo a comprender por qué sectores catalanistas (unos cuantos) cosen y descosen la historia en beneficio propio, vomitando encima de Aragón de esa manera.
Porque, y al hilo de las perogrulladas que tal personajillo dijo, hay que dejar claro que jamás existió ninguna corona catalanoaragonesa. En los cientos de documentos firmados por los reyes de Aragón aparece como Corona de Aragón, -o, en algunos casos, Casal d’Aragó, para referirse a la casa real- por los derechos que contrajo Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, al casar con la reina Petronila. Jamás se le llamó de otra guisa; y quien se invente otro término, lo divulgue, y aún peor, lo enseñe en la escuela, es un mezquino y un indeseable, por el daño patrimonial que puede causar a quien comparte con él un pasado común. Que yo sepa, la comunidad de Murcia forma parte de España, y nadie llama por ahí a nuestro estado el reino murcianoespañol. Como si ahora, los gallegos, con el mismo fin, reinventasen la Castilla medieval para nominarle el reino gallegocastellano. Y más: lo de llamar “catalá” a Pedro III es otra superchería; primero: Cataluña, como unidad territorial propia, jamás tuvo reyes. Los condados catalanes, lo que se aglutinó con el nombre de Cataluña, eran un territorio más de la Corona. Segundo. Si le llaman rey catalán será, digo yo, porque se amparan en que sea nacido en algún lugar de la actual comunidad catalana, pero ni por esas, pues Pedro III nació en Valencia. Y tercero: No fue Pere II, sino Pedro III; no por carecer de un Pedro (Pedro I reinó en Aragón cuando los territorios catalanes no formaban parte de la Corona) se puede reinventar el nombre de los reyes sucesivos. Si le hubieran nominado de esa forma en aquel tiempo, su libertario culo nacionalista hubiese terminado en una sucia mazmorra.
Esto son los cosas reales, y todo lo demás son invenciones políticas que hacen daño a los que tenemos una cultura y un pasado que explica nuestro presente. Pero claro, si te quejas, eres un fascista. Así está el patio.
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