lunes, 20 de septiembre de 2010

Ejercicio de ética periodística. Llega un profesor universitario de la carrera de periodismo a clase. Da los buenos días, deja su cartera encima de la silla y arroja sobre los pupitres de los alumnos unas fotocopias impresas con la noticia que viene adjunta a este artículo (ver imagen), salida el pasado 9 de septiembre en el Periódico de Aragón. Mírenla con atención. El ochenta por cien del alumnado, al preguntarles qué les sugiere el texto, responderá (al igual que el ochenta por cien de la población española): ¿qué está ocurriendo en el Congo? Seguramente, será ésa la primera noticia que habrán leído al respecto.

La República Democrática del Congo es un país centroafricano cuya capital es Kinshasha. Se independizó de Bélgica (el Congo belga) en 1960, y tras varias dictaduras, el último dictador, Mobutu (en cuyo mandato rebautizó al país como Zaire), fue depuesto para dar paso a una república presidencialista. Esto es importante, pero no lo es menos el hecho de que este país posee la acumulación de recursos naturales más grande de África y del mundo. En concreto, atesora reservas gigantescas de coltán, niobio, cobalto, diamantes, oro y un largo etcétera. En 1998 estalló una cruenta guerra al ocupar la parte este y norte del país tropas tutsis de Ruanda y Burundi, milicianos utus de Burundi y el ejército regular de Uganda. Estas tropas, aparte de esquilmar y arrasar el territorio congoleño, estaban (y siguen) en guerra también entre ellas. Hasta ahí podría ser un conflicto más de los centenares que riegan el mundo. Pero no es así, pues esta guerra se ha cobrado la vida ya de seis millones de personas en lo que se ha denominado el “genocidio congoleño” (en los últimos diez años). Y las muertes siguen. Cada día miles. Violaciones en masa de mujeres y niñas (Se está perpetrando lo que se ha denominado terrorismo sexual como destrucción y humillación sistemática de la población), asesinatos de centenares de personas arrojadas a fosas comunes, limpiezas étnicas de pueblos enteros, pues la inmensa mayoría de esos seis millones de muertos es población civil. Un genocidio sin precedentes. El mayor conflicto (en número de muertos) de la historia contemporánea después de la Segunda Guerra Mundial (ya casi la supera). ¿Ustedes creen que un conflicto de esta magnitud no sería portada en todos los periódicos cada día? Es casi la mayor matanza de población en el mundo de los últimos cien años. Pues ni una palabra. Ni una televisión informa de ello. Ni una radio. Ni una agencia de información. Muy pocos periódicos, y con noticias aisladas y descontextualizadas que no permiten conocer la naturaleza del conflicto. Sólo medios independientes de internet y artículos de periodistas independientes que llevan años denunciando algo que el mundo ignora.

¿No se preguntan por qué? Desde que estalló la guerra las principales corporaciones multinacionales de extracción de minerales se han adueñado de medio país, subvencionando la guerra y armando a los países de Ruanda y Uganda para mantener un statu quo que beneficia la obtención de recursos (en concreto, corporaciones estadounidenses, británicas, alemanas, belgas y una sudafricana). En el 2004, a modo de ejemplo, el gobierno de Blair extendió un crédito de 95 millones de dólares al gobierno de Ruanda. Se imaginan lo que se hizo con ese dinero. Y la situación sigue. Con unas corporaciones que financian la guerra entre enemigos ancestrales para poder seguir extrayendo esos recursos.

El silencio.

Silencio en todos los medios de comunicación. La información de estos medios (nuestros medios) es suministrada por agencias de información internacionales (corporaciones informativas) cuyos activos accionariales están, en la gran mayoría de los casos, en poder de las élites corporativas que también poseen las corporaciones antes mencionadas. Hay a quien, por si no se habían cerciorado, le interesa la ignorancia de una opinión pública y una sociedad civil que pueden poner o quita gobiernos. Gobiernos que, como bien es sabido, mantienen y financian el poder corporativo.

¿Es usted un ciudadano normal o todavía piensa? En dictadura la información se censura (el ciudadano sabe que se la censuran); en democracia, se manipula (pero el ciudadano, generalmente, no sabe que se la manipulan). A usted y a mí nos pueden seguir contando en la tele, como noticia de primerísima importancia, que un párroco americano gilipollas (sinonimia más que probable) quiere quemar el Corán (noticia que aumenta, intencionadamente, la brecha entre civilizaciones para mantener una guerra contra el Islam con la que hay gente que gana cantidades insondables de dinero). O la fabulosa información de dónde se hospedará Michelle Obama cuando venga a España. O, quizás, imágenes de una manifestación afgana o palestina donde se queman banderas occidentales. Puede que todas esas cosas sean ciertas (premisa indispensable del periodismo), pero poner esas noticias y esconder otras, emitir sólo las que interesa para generar en una población manipulable una conciencia deseada (crearnos un enemigo común, por ejemplo), o esconder matanzas monstruosas y conflictos en los que nuestros gobiernos venden armas o toman partido silenciosamente, eso, sin lugar a dudas, es manipular la información. Mientras, se está cometiendo un genocidio (con la mirada cómplice, impasible y ladeada de la ONU) de proporciones gigantescas, y, para usted, quizás contengan estas líneas las primeras palabras que lee y oye al respecto.

Mentir no sólo consiste en decir mentiras; también miente quien esconde intencionadamente la verdad.

¿Es usted un ciudadano normal o todavía piensa?

 


Tags: congo, informativos, manipulación, R. D. del Congo, Zaire, noticias

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