lunes, 01 de agosto de 2011

Tuvo lugar en mayo de 1809, y su punto culminante fue el enfrentamiento acaecido en Fonz el 20 de ese mes, día de Pentecostés. La batalla hay que enmarcarla en la Guerra de la Independencia (1808-1814). El general francés Habert había establecido su centro de operaciones en Barbastro y con cuatro mil efectivos se disponía a tomar la zona oriental rebelde del Cinca, por orden del mariscal Souchet que operaba desde Zaragoza (esta ciudad había capitulado ya tras el segundo sitio). Las tropas rebeldes aragonesas las componían compañías del ejército regular de Huesca y Lérida, bajo las órdenes del brigadier Felipe Perena y el coronel Juan Baget; compañías de miqueletes[1] y somatenes[2] de los pueblos del Cinca que eran comandadas por el fraile Teobaldo, entre otros. En Fonz, las tropas las lideraba Luis María de Cistué[3]. Todos estos efectivos (regulares y voluntarios), más numerosos que los franceses, habían sido puestos bajo las órdenes de Pedro María Ric, barón de Valdeolivos, que operaba desde Fonz.

            El domingo 14 de mayo, Habert había puesto en marcha su plan para tomar el Cinca. Dos tercios de su ejército cruzarían por la barca de Alcolea-Albalate; el resto remontaría el río por su orilla derecha hasta Pomar, donde Habert cruzaría por allí con sus escuadrones de coraceros[4]. Pero el destino jugó a favor de los aragoneses. Incomprensiblemente, como surgidas en ayuda de aquellos que defendían los pueblos de sus orillas, las aguas del Cinca crecieron en varias horas hasta desbordarse por las tormentas de esos días en el Pirineo. La crecida tuvo lugar mientras el ejército francés cruzaba por las barcas, de modo que partió en dos los efectivos, dejando a la mayor parte de la tropa en la orilla derecha y al resto en la orilla izquierda, aislados en territorio rebelde. Habert ordenó a gritos (después de matar a los barqueros en un ataque de ira y enviar a la muerte a dos de sus soldados a nado) que se pusieran bajo las órdenes del capitán Robinchon y tratasen de llegar hasta la barqueta del Ésera[5] para volver a Barbastro; la ofensiva había fallado y habría que esperar a que el río estuviera vadeable.

            Las tropas españolas, tan pronto supieron de la mala fortuna de los franceses, se apresuraron en dar caza al pequeño contingente[6] que había quedado aislado en su orilla rebelde. Una compañía de batidores al mando del capitán Pedro Domec les siguió en su periplo por Binaced, San Esteban y Azanuy. Mientras tanto, el resto de tropas españolas (habiendo salido con prontitud de Monzón) se habían congregado en Fonz, bajo las órdenes de Juan Baget, Teobaldo, Luis María de Cistué y Pedro María Ric; allí les harían frente.

            Las tropas francesas entablaron tiroteo con las aragonesas en la zona de los alberos (actual gasolinera abandonada). El cañón que trajeron de Zaragoza fue ubicado en la era Cistué[7], primero, y en San José, después. Pero las tropas francesas evitaron el enfrentamiento y viraron hacia Estadilla hasta llegar a la barqueta del Ésera, tal como les hubo ordenado a gritos desde la otra orilla el general Habert días atrás. Creyeron que por esa parte el río podrían cruzar. Ilusos. El río estaba impracticable. Las tropas aragonesas los cercaron en la orilla; la mortandad fue terrible. Muchos se ahogaron tratando de cruzar[8] el río; el resto fue rematado o hecho prisionero. La flor y nata del Grand armée: voltigueurs[9], coraceros y granaderos, infantería pesada e infantería de línea de élite, fue muerta o hecha prisionera por el ejército aragonés, compuesto en su mayoría por voluntarios y somatenes. Una veintena de oficiales franceses, veteranos de Auerstädt, Eylau, Ulm o Austerlitz, fueron hechos prisioneros.

            Todos pasearon encadenados y desnudos por delante del palacio de Valdeolivos aquella noche del 20 de mayo, bajo la mirada de los soldados y oficiales aragoneses. Los que sobrevivieron, sin duda, se lo pensarían hoy dos veces si tuvieran que volver a Fonz, aunque fuera en fiestas para echarse una caña. Mucho cuidadito con los foncenses. Ahora o hace doscientos años.



[1] Eran miembros de la milicia de carácter mercenario o voluntario, reclutada por las diputaciones y las juntas de la Corona de Aragón para acciones especiales o como refuerzo de las fuerzas regulares.

[2] Levas forzosas que se realizaban en el medio rural para defender la tierra y apoyar al ejército regular. Estaban formadas por mozos autóctonos que acudían a la defensa al toque concreto de campanas u otros dispositivos de alerta.

[3] III barón de la Mengllana. Joven e impetuoso (contaba entonces con 28 años). Fue pintado por Goya cuando niño, y su madre, Mª Josefa Martínez de Ximén Pérez, había sido dama de la reina Maria Luisa. Había escapado con vida del segundo sitio de Zaragoza y había recalado en Fonz, su pueblo natal, para comandar la defensa contra el francés. Su padre fue José de Cistué y Coll, fiscal de Indias de su Majestad.

[4] Caballería pesada de élite francesa. Portaban coraza y casco de hierro. Iban armados con carabina y sable.

[5] Vado de gran amplitud que se sitúa en la desembocadura del Ésera en el Cinca, junto al primer túnel de la carretera hacia Graus.

[6] Unos mil cien efectivos.

[7] Actual era del Fiscal.

[8] De hecho, un grupo de coraceros a caballo consiguió vadearlo y tras dejar a sus caballos exhaustos consiguió llegar a pie a Barbastro para dar el aviso al resto de la división Habert.

[9] Efectivos de infantería ligera de élite creada por Napoleón. Se les reconocía por el pompón verde sobre su chacó.


Publicado por senderoslegendarios @ 23:02  | Historia
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