Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

Yo hubiera sobrevivido.
Si en el neolítico, el cazador u hombre de poder más destacado de la tribu vecina hubiéseme retado a muerte, amenazando mi supervivencia con un propulsor de proyectil de hueso en la mano, yo, lo juro, hubiese sobrevivido. Se hubo tratado de una lucha entre iguales. Una lucha por los recursos y el hábitat del entorno, por una mera cuestión de supremacía entre dos tribus adversarias; pero de tú a tú. Una lucha entre iguales.
Esta situación, que bien podría estar sacada de una novela de J.M. Auel, pudo haber sucedido en el entorno de la cueva de Chaves, en Huesca. Me explico. La cueva de Chaves es (era, mejor dicho) un yacimiento arqueológico y paleontológico de primer orden nacional. Con un sustrato del neolítico (alrededor de 8000 años a.C.) y del Paleolítico magdaleniense (16000 años a.C.). Está (estaba, mejor dicho) situada en el despoblado de Bastarás, en Casbas, provincia de Huesca, Parque natural de la sierra y los cañones de Guara. Se trata (se trataba, mejor dicho) del yacimiento neolítico de Aragón más importante, y el segundo de España, detrás de la cueva d'Or, en Valencia. Estaba siendo excavado desde 1975 por el museo provincial de Huesca y la Universidad de Zaragoza. Es (era, mejor dicho) un hito sin parangón para la ciencia, por lo que ha aportado para la misma y podría haber seguido aportando. A través de ella ha sido posible entender el poblamiento neolítico de parte del norte de España, así como por qué los yacimientos interiores peninsulares tienen una antigüedad mayor que los mediterráneos, siendo que el neolítico entró por la costa. Y un sinfín de conclusiones más. Y digo era porque de la cueva de Chaves no queda nada. Su subsuelo ha sido arrasado vilmente por personas más preocupadas por su bolsillo que por la ciencia, la educación, el patrimonio de todos los aragoneses o el bien común, que como su propio nombre indica, es común.

El sarao del asunto radica en entender cómo ha ocurrido. Hace años, un grupo de treinta empresarios compraron el pueblo abandonado de Bastarás y su término municipal, en plena zona protegida por tratarse de parque natural. Los cientos de hectáreas que se adquirieron fueron vallados, clausurados y remodelados a conveniencia para la construcción de un inmenso coto de caza con ínfulas de satisfacer las ansias cinegéticas de empresarios acaudalados. La cuestión es que ese coto contraviene las normas legales en materia de caza y medio ambiente: en pleno parque natural se están roturando parajes sin consentimiento, se están realizando impunemente pistas con maquinaria, se están abriendo balsas artificiales en un paraje que está quedando destruido, se están incluyendo especies de caza no autóctonas, se están cortando caminos reales anteriormente utilizados por los vecinos de la zona y de uso común, los vallados cruzan cauces de barrancos y joyas acuáticas del parque, y un sinfín de supercherías más. De todo esto da buena cuenta el documental: Chaves,la memoria expoliada, del que aquí os enlazo un trailer y que es de obligado complimiento ver.



Todo esto está ocurriendo, dicen, sin el consentimiento de las administraciones, pero todo parace indicar que éstas, sabiendo quién y qué está detrás de todo esto, miran para otro lado. Al parecer, esta finca privada pertenece a una gran empresa nacional, cuyo dueño sería uno de los empresarios más importantes del carbón del país. La cueva, que es parte del patrimonio que se está destruyendo en ese sinsentido, ha sido completamente arrasada para convertirla en un pesebre donde puedan beber las piezas de caza. Así está el asunto. Pero, ¿saben lo que me hace apretar los dientes hasta no poder contener la rabia? La impunidad y la cobardía. La impunidad ante tamaño atropello. La cobardía de las administraciones y los políticos aragoneses, pues miran para otro lado por los peces gordos que manejan los hilos de semejante sinsentido. A veces se me olvida que estamos en Aragón, el país de los caciques y los políticos cobardes. Lo peor de todo es la indiferencia ante lo que está sucediendo. La indiferencia diluida entre la certeza de que al pequeño, al pastor y al labriego se le ha perseguido como delincuente cuando ha arrancado una carrasca, ha atrapado a un tejón con un cepo o ha transitado a escondidas, siempre tratando de no dañar al tritón pirenaico, el barranco prohibido de la Choca. A ése lo han fulminado las autoridades, le han metido la multa mas escocida del mundo y la administración no ha mirado para otro lado, sino de frente, con todo el peso y rigor con que sabe partirle la espalda al pobre contribuyente. Eso es lo más triste. Saberse ciudadanos de segunda en este país, donde la democracia es una palabra cínica y miserable, preparada para llenar la boca de leyes y falsos principios a aquellos que se amparan en ella para ser cada día más delincuentes, sinvergüenzas y carentes de escrúpulos, de la misma guisa que esa palabra llena sus bolsillos a costa de la gente de bien. Y eso va también por los que hacen la vista gorda al respecto cuando tendrían que partirse la cara por el ciudadano que los eligió.
Como digo, en el neolítico, con un garrote plano de madera lijada en una mano y un escudo de mimbre en la otra, hubiera tenido posibilidades de salir indemne. Pero claro, antes éramos todos iguales. Ahora es sólo un espejismo. El tiempo en el que los hombres podían batirse en igualdad de condiciones ha expirado, y con él todos sus recuerdos.


Chaves, la memoria expoliada


Tags: chaves, neolítico, expolio, guara, casbas, huesca

Comentarios
Publicado por anonimo
Jueves, 25 de marzo de 2010 | 19:21
aqui no pone na de na de las tribuus es una mierda pinxa en un palooooooooo ;)
Publicado por Hobbit
Martes, 10 de abril de 2012 | 14:40

Yo kiero un resumen de como eran en el neolitico